Como de costumbre, utilizaré las tradicionales palabras que introducen toda historia clásica. Las llamo historias clásicas por qué "toda la vida" han estado ahí, por qué cualquiera conoce una de sus muchas versiones y por qué a todos los niños se les debe permitir soñar con aquel "Había una vez..."
Cuentenme si todo niño alguna vez no soñó con ser el príncipe salvador, el amante de las hermosas princesas. Expliquenme si jamás conocieron al superheroe que salvava una y otra vez la humanidad, si jamás soñaron en ser como él y si en su vida nunca pensaron en hacerla bella y agradable para llenar su corazón.
Me gustaría que todos los cuentos se conocieran en todo el mundo y que cualquier niño pudiese soñar con ellos, que cualquier niño pudiese aspirar a ser el príncipe o el superheroe, el Robin Hood que ayudará a la gente... También seria bello, que niños y adultos, jóvenes y ancianos, recordaran la magia de los cuentos, la ilusión de los sueños, la rosa de un pequeño príncipe, la oxidada armadura de aquel caballero, o la flor enorme que salvó un niño.
Y por literatura que no sea, que su ausencia no esté presente, que su transmisión de boca en boca jamás cese, por qué si hay algo bello, común a todos nosotros, es nuestra inocencia, nuestra ilusión y nuestros sueños, que nunca es tarde para aceptar la ayuda de nuestra hada madrina y cumplirlos. Olvidar quienes fuimos debería ser pecado, pero olvidar quienes somos en realidad exige más alto castigo. El ser humano que consiguió ser libre, se reconoce día a día ante el espejo.
Había una vez...
25/6/09
9/5/09
Vieja y amable gaviota...

Quiero perderme bajo las nubes, entre gotas frías de lluvia, esconderme del sol y el calor que me queman las plumas.
Bajo las sombras se pierde una melancólica mirada que la próxima luz cegaría. Su cuerpo está bajo enormes piedras, aplastado por un peso social invisible.
Allá a lo lejos, un gnomo deslizándose por el arcoiris, riendo a carcajadas, cuidando de su gnomito que persigue en estos momentos a la colorida mariposa. Al gnomo le robó un ambicioso su caldero repleto de oro, pero no le importa, sigue riendo, el gnomito brilla con la alegría de saltar por el humedo y verde prado, pese a todo...
La vieja gaviota se sienta en la nube, a mi lado.
-Hay mucho contraste -me dice, puede que se lo diga al aire.
-Si, pero...¿qué es bueno o malo? -pregunto.
-Sólo sigue observando, no pienses que el mundo se creó en dos días -responde.
-¿Y ellos lo saben?
-Los que intentan saberlo observan y callan, como tu.
-¿Por qué callan? -insistí.
-Son tratados de lunáticos y creen que el mundo no está preparado para escucharles.
-¡Si todos tienen oídos para escuchar!
-Aún eres pequeña, pero piensa sobre la diferencia entre escuchar y oir.
-¿Cómo sabes tanto? -pegunté sorprendida.
-Sólo observé, escuché y reflexioné. Hablé con este y con aquel, también callé.
La vieja gaviota extendió sus alas.
-¿Dónde vas? -pregunté.
-¿Quién lo sabe? Yo no lo sé.
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Publicado por mi, anteriormente en: www.fotolog.com/nemus_plous
21/4/09
Pequeña leyenda
Se sentó sobre la rama del viejo roble. Había pasado unas semanas en la ciudad y aquel mundo la había agotado.
-Duerme -dijo el arbol.
-Necesito pensar -respondió ella.
-Estás alterada, ya te dije que allí parecían todos tallados por un mismo patrón.
-¿Es necesario todo eso?¿Se necesita ser "superior" a alguien para que te quieran? -se cuestionó la joven.
-Necesitan ser queridos, al igual que todos, es algo natural -respondió el roble.
-¿A ti quién te quiere?
-Me quiere la ardilla que vive entre mis ramas, el ave que tiene aquí su nido, la lluvia que me baña, la hierba que me acompaña, la piedra que se acerca y los seres que me admiran -explicó.
-¿Eres feliz?
-Lo soy, por qué no aspiro a satisfacer unas aspiraciones, porque me gusta mi vida y gozo de ella, porque me alegra ser un roble.
La ninfa suspiró.
-¿A ti quien te quiere?¿Eres feliz? -preguntó el roble.
-Me quiere el bosque, también la lluvia...Me gusta ser quien soy, pero me agradaría saber más -respondió con suavidad-He entendido algo estas semanas, y me gustaría saber que hacer para cambiar y avanzar.
-A diario fluyes como el agua de ese río, todo cambia paso a paso, no siempre corren las mismas aguas ni tampoco nadan siempre los mismos peces, respira profundamente antes de desear -explicó el roble.
-Cierto...No quiero cambiar yo, quiero que ellos cambien, que valoren la sencillez y se amen a si mismos como también a otros, que no se maten entre ellos, que desaparezca el dolor de sus rostros, que la rabia no eche raices en su corazón y el odio crezca... -ella sollozó.
-No es responsabilidad tuya, eso depende de ellos.
-Me gustaría plantar una semilla de serenidazd en sus corazones, que la paz eche raices y la tranquilidad y el amor pueble sus rostros -deseó.
-¿Piensas volver con ellos? -preguntó el roble.
-No puedo -explicó-, me cortarían las alas y todo lo que conozco cambiaría, tengo que pensar en otra solución.
-Será mejor que duermas y descanses, no eres responsable de ellos, no es cosa tuya intentar cambiarles -insistió el roble.
-No te entiendo -replicó la ninfa.
-¿Y si les gusta ser así?¿Y si te cortan las alas y no puedes regresar?
-¿Y si lo intento?¿Y si encuentro el modo de regresar antes de que me pase algo malo? -ella suspiró- Debo responder esas preguntas, no quiero ser como ellos, pero mi corazón desea que se pueda volar alto, que todos puedan disfrutar de ello...
-Sólo te pido una cosa, que regreses al bosque lo consigas o no, prometemelo y cuidate -respondió el roble.
-Prometo que lo haré, volveré, gracias.
A continuación, ella desapareció
-¿Y que ocurrió con la ninfa? -preguntó el pequeño.
-Unos dicen que regresó sin conseguir su objetivo. Pero...ella no lo consiguió, según cuentan otros, y también se explica que ella sigue andando entre nosotros, preparada para sonreirnos y tendernos su mano.
-¿Como se llamaba? -preguntó otro pequeño.
-Su nombre se desconoce. Es más, eso de llamarla "ninfa" sólo es por darle un nombre, una denominación, creo que esa joven era sólo una soñadora que quería volar con sus alas de mariposa.
-¿Sabe, maestro? Me gustaría que esa chica lo consiguiera -dijo una de las pequeñas. El maestro rió con ternura.
-A mi también...
-Duerme -dijo el arbol.
-Necesito pensar -respondió ella.
-Estás alterada, ya te dije que allí parecían todos tallados por un mismo patrón.
-¿Es necesario todo eso?¿Se necesita ser "superior" a alguien para que te quieran? -se cuestionó la joven.
-Necesitan ser queridos, al igual que todos, es algo natural -respondió el roble.
-¿A ti quién te quiere?
-Me quiere la ardilla que vive entre mis ramas, el ave que tiene aquí su nido, la lluvia que me baña, la hierba que me acompaña, la piedra que se acerca y los seres que me admiran -explicó.
-¿Eres feliz?
-Lo soy, por qué no aspiro a satisfacer unas aspiraciones, porque me gusta mi vida y gozo de ella, porque me alegra ser un roble.
La ninfa suspiró.
-¿A ti quien te quiere?¿Eres feliz? -preguntó el roble.
-Me quiere el bosque, también la lluvia...Me gusta ser quien soy, pero me agradaría saber más -respondió con suavidad-He entendido algo estas semanas, y me gustaría saber que hacer para cambiar y avanzar.
-A diario fluyes como el agua de ese río, todo cambia paso a paso, no siempre corren las mismas aguas ni tampoco nadan siempre los mismos peces, respira profundamente antes de desear -explicó el roble.
-Cierto...No quiero cambiar yo, quiero que ellos cambien, que valoren la sencillez y se amen a si mismos como también a otros, que no se maten entre ellos, que desaparezca el dolor de sus rostros, que la rabia no eche raices en su corazón y el odio crezca... -ella sollozó.
-No es responsabilidad tuya, eso depende de ellos.
-Me gustaría plantar una semilla de serenidazd en sus corazones, que la paz eche raices y la tranquilidad y el amor pueble sus rostros -deseó.
-¿Piensas volver con ellos? -preguntó el roble.
-No puedo -explicó-, me cortarían las alas y todo lo que conozco cambiaría, tengo que pensar en otra solución.
-Será mejor que duermas y descanses, no eres responsable de ellos, no es cosa tuya intentar cambiarles -insistió el roble.
-No te entiendo -replicó la ninfa.
-¿Y si les gusta ser así?¿Y si te cortan las alas y no puedes regresar?
-¿Y si lo intento?¿Y si encuentro el modo de regresar antes de que me pase algo malo? -ella suspiró- Debo responder esas preguntas, no quiero ser como ellos, pero mi corazón desea que se pueda volar alto, que todos puedan disfrutar de ello...
-Sólo te pido una cosa, que regreses al bosque lo consigas o no, prometemelo y cuidate -respondió el roble.
-Prometo que lo haré, volveré, gracias.
A continuación, ella desapareció
-¿Y que ocurrió con la ninfa? -preguntó el pequeño.
-Unos dicen que regresó sin conseguir su objetivo. Pero...ella no lo consiguió, según cuentan otros, y también se explica que ella sigue andando entre nosotros, preparada para sonreirnos y tendernos su mano.
-¿Como se llamaba? -preguntó otro pequeño.
-Su nombre se desconoce. Es más, eso de llamarla "ninfa" sólo es por darle un nombre, una denominación, creo que esa joven era sólo una soñadora que quería volar con sus alas de mariposa.
-¿Sabe, maestro? Me gustaría que esa chica lo consiguiera -dijo una de las pequeñas. El maestro rió con ternura.
-A mi también...
Todo es un ir y venir. Estamos creados para el cambio, pero este nos asusta hasta tal punto que deseariamos dar cincuenta pasos hacia atrás y nos sentimos atrapados. Queremos ser aquel infante que sonreía y gozaba con su primera pelota, al ver nevar, al descubrir que llueve o al ver como de una semilla crece una hermosa plantita a la que se puede cuidar con mucho cariño.
Tal y como crecemos aspiramos ha sorprender y destacar entre otros, nos gusta demostrar lo buenos que somos teniendo, de este modo, únicamente en cuenta la opinión de otros. Si somos buenos, admirables o bellos e inteligentes, no necesitamos demostrarlo para recibir alagos de otros, lo somos y es suficiente que nosotros lo sepamos para ser felices.
Cuando se aspira a algo y no se consigue, nos frustramos y entristecemos, nos nublamos, no recibimos reconocimiento externo y eso nos enfurruña. ¿Lo intentaste? Ahí esta, tu opinas que valía la pena intentarlo, dar el paso, no importa que no seas reconocido, ahí has estado y es por algo que dentro de ti gritaba que valía la pena, que no eres horrible, que eres único y admirable, tu lo sabes, ¿qué más necesitas?
La felicidad se encuentra en lo más simple y ordinario, en el balanceo de una hoja al caer del árbol, en el ir y venir de las olas, en el viento acariciandote el rostro, en una melodía, en una palabra, en una mirada...
Bueno es el descanso cuando la mente se siente repleta de cosas. La vida fluye, y nosotros insistimos en engancharnos a lo que tenemos y a correr en dirección al destino.
Respira, no se goza de llegar al destino, se goza del camino. La vida, el conocimiento, la sabidruia, son caminos, no son un destino, no son un punto y final. Se conoce mientras se anda, se vive cuando se anda, se es sabio cuando se anda, sólo hace falta parar un segundo a respirar, a vaciar la mente y a llorar para expulsar esa rabia interna que no nos permite gozar del silencio.
Fluir con el cambio, sin temerlo, sin pegarse al pasado. No hay que sentir culpa siempre, ¡liberate!
Algún día, se consigue extender las alas, abarcar las nubes y olvidar lo que la modernización y el retroceso social impone, sólo ser uno y disfrutar de ello, poder compartir con otros esa paz y serenidad y vivirla día a día.
Suena utópico, pero es real. Sólo sigue avanzando por el sendero, siempre sorprende.
Tal y como crecemos aspiramos ha sorprender y destacar entre otros, nos gusta demostrar lo buenos que somos teniendo, de este modo, únicamente en cuenta la opinión de otros. Si somos buenos, admirables o bellos e inteligentes, no necesitamos demostrarlo para recibir alagos de otros, lo somos y es suficiente que nosotros lo sepamos para ser felices.
Cuando se aspira a algo y no se consigue, nos frustramos y entristecemos, nos nublamos, no recibimos reconocimiento externo y eso nos enfurruña. ¿Lo intentaste? Ahí esta, tu opinas que valía la pena intentarlo, dar el paso, no importa que no seas reconocido, ahí has estado y es por algo que dentro de ti gritaba que valía la pena, que no eres horrible, que eres único y admirable, tu lo sabes, ¿qué más necesitas?
La felicidad se encuentra en lo más simple y ordinario, en el balanceo de una hoja al caer del árbol, en el ir y venir de las olas, en el viento acariciandote el rostro, en una melodía, en una palabra, en una mirada...
Bueno es el descanso cuando la mente se siente repleta de cosas. La vida fluye, y nosotros insistimos en engancharnos a lo que tenemos y a correr en dirección al destino.
Respira, no se goza de llegar al destino, se goza del camino. La vida, el conocimiento, la sabidruia, son caminos, no son un destino, no son un punto y final. Se conoce mientras se anda, se vive cuando se anda, se es sabio cuando se anda, sólo hace falta parar un segundo a respirar, a vaciar la mente y a llorar para expulsar esa rabia interna que no nos permite gozar del silencio.
Fluir con el cambio, sin temerlo, sin pegarse al pasado. No hay que sentir culpa siempre, ¡liberate!
Algún día, se consigue extender las alas, abarcar las nubes y olvidar lo que la modernización y el retroceso social impone, sólo ser uno y disfrutar de ello, poder compartir con otros esa paz y serenidad y vivirla día a día.
Suena utópico, pero es real. Sólo sigue avanzando por el sendero, siempre sorprende.
23/3/09
Sueños del silencio
“Hace mucho tiempo, en un país llamado Grebul, vivía un niño con su familia. Ellos tenían una característica que los diferenciaba del resto de la población: unos caninos un poco más largos de lo habitual, la piel de color aceituna y un secreto…”
Así empieza mi nueva historia que a partir de ahora iré subiendo en esta dirección: http://suenyosdelsilencio.blogspot.com/
Espero que os paséis por ahí, puesto que ahora le dedicaré un poco más de tiempo a mi nuevo blog.
Gracias.
Así empieza mi nueva historia que a partir de ahora iré subiendo en esta dirección: http://suenyosdelsilencio.blogspot.com/
Espero que os paséis por ahí, puesto que ahora le dedicaré un poco más de tiempo a mi nuevo blog.
Gracias.
6/2/09
Integración
Por la mañana cerraste los ojos, no querías abrirlos, preferías quedarte encerrado en tu habitación. Te cubriste la cabeza con las sabanas y respiraste profundamente, cuando, a su vez, una leve presión en el pecho alteró tu pensamiento “¿Qué me ocurre?”
Es el tiempo en que todo sigue una misma ley, que te acostumbraste al contacto con otros que no son como tú, respetaste su comportamiento y hasta te comportaste igual. Pero al regreso te encontraste con que no eras tú. “¿Qué me ocurre?”
Te mirabas al espejo y veías doble, dos en uno, no sabías si reír o llorar. E intentar recuperarse, sonreír ante el desdoble, ser consciente de que te pierdes. Sientes miedo a perder aquello que querías, aquello que te costó tanto conseguir y deseaste un tiempo de soledad para poner las ideas en orden.
Por la mañana cerraste los ojos, no querías abrirlos, preferías quedarte solo y en silencio, no escuchar, no callar y no mirar alrededor, sólo el interior para saber que te decías, para dejar regresar a ese “Loco” que eras.
Te reencontraste con quien fuiste y empezaste a abrazarlo, poco a poco se producía la fusión pero sigue siendo lenta.
Pediste algo de silencio pero la cosa era complicada, tu mismo te recuperabas con lentitud a causa de continuar con “el día a día”. Y es que la sociedad intenta determinar y convertirte a placer y cuando eres frágil puede cazarte.
Sólo te queda coger tu fortaleza, esa espada que corta las cadenas que te atrapan. Sólo tú puedes conseguirlo, nadie lo hará por ti.
Por la mañana abriste los ojos, te miraste al espejo y te viste sólo a ti mismo, habías vuelto, habías aprendido durante el combate, eras libre.
Es el tiempo en que todo sigue una misma ley, que te acostumbraste al contacto con otros que no son como tú, respetaste su comportamiento y hasta te comportaste igual. Pero al regreso te encontraste con que no eras tú. “¿Qué me ocurre?”
Te mirabas al espejo y veías doble, dos en uno, no sabías si reír o llorar. E intentar recuperarse, sonreír ante el desdoble, ser consciente de que te pierdes. Sientes miedo a perder aquello que querías, aquello que te costó tanto conseguir y deseaste un tiempo de soledad para poner las ideas en orden.
Por la mañana cerraste los ojos, no querías abrirlos, preferías quedarte solo y en silencio, no escuchar, no callar y no mirar alrededor, sólo el interior para saber que te decías, para dejar regresar a ese “Loco” que eras.
Te reencontraste con quien fuiste y empezaste a abrazarlo, poco a poco se producía la fusión pero sigue siendo lenta.
Pediste algo de silencio pero la cosa era complicada, tu mismo te recuperabas con lentitud a causa de continuar con “el día a día”. Y es que la sociedad intenta determinar y convertirte a placer y cuando eres frágil puede cazarte.
Sólo te queda coger tu fortaleza, esa espada que corta las cadenas que te atrapan. Sólo tú puedes conseguirlo, nadie lo hará por ti.
Por la mañana abriste los ojos, te miraste al espejo y te viste sólo a ti mismo, habías vuelto, habías aprendido durante el combate, eras libre.
17/1/09
La Luna del lobo
La Luna de enero se levanta cuando soplan los fieros vientos de invierno. Como los lobos asediaban los primeros poblados, esta Luna del profundo invierno, ronda y gruñe, hambrienta y a la caza. Dentro, nos reunimos al calor del hogar. Dibuja un manto de protección y fuerza y viaja hacia el interior. Deja que la oscuridad de la estación arrope tus planes y tus sueños. Las visiones interiores aparecen, incitándonos a prever lo que deseamos plantar en el próximo ciclo de fertilidad. En el mundo espiritual y en la tierra, la nueva vida reúne sus energías y se prepara. Tómate el tiempo de contemplar en quietud lo que está por venir. Concéntrate en la preparación y la protección en compañía de seres queridos, porque la fuerza aumenta en tiempos sosegados y se nos prepara para la estación que está a punto de llegar.
Luna de nieve, Luna fría, Luna tranquila, quédate.
¡Qué la protección y la fuerza crezcan en el interior,
Inanna, Sarasvati, Hera y Sinn,
tejed nuevos comienzos ahí en las profundidades interiores!
Autor/a: Dallas Jennifer Cobb
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