2/11/10

Ese algo rojo

Siempre madrugo pese a que me disguste hacerlo. Me cuesta levantarme de la cama, también pensar con coherencia. El proceso es largo, durante media hora mantengo un aspecto desastroso, cada pelo ha tomado una iniciativa y mis ojos legañosos no se acostumbran fácilmente a la luz.

La peor parte es el desayuno, a esa hora nunca tengo hambre y me toca ordenar mis cosas sin acabar de saber que estoy haciendo. El traje chaqueta cuelga impoluto en el armario y mis lustrosos zapatos me esperan al lado de la puerta. Todo está en su sitio, como cada día.

Al vivir en un cuarto piso, bajo por las escaleras para acabar de espabilarme e ir arrancando motores. Cojo el tren para llegar a la oficina, tardo siempre unos veinte minutos, me gusta ser puntual. Una vez allí, la jornada transcurre con normalidad, converso con mis compañeros, presento a tiempo y detalladamente los informes que me han encargado, hago las llamadas pertinentes y, entre unas cosas y otras, me tomo un par de descansos para el café y la comida.

Cuando a media tarde vuelvo a casa todo sigue igual, me pongo mis zapatillas de ir por casa, cojo un libro y me tumbo en el sofá hasta la hora de cenar, aunque algunas veces cambio la lectura por una película.

Así es como poco a poco se marcha mi tiempo y doy (o dando) paso al nuevo día, simplemente acabo durmiendo con el silencio, tampoco necesito más.

Este es mi día a día, tranquilo y sencillo, solitario y sin complicaciones. Al menos, este era mi día a día, antes de que todo cambiara, antes de que una nariz de payaso me cambiara.

2 comentaris:

Zenutrio ha dit...
L'autor ha eliminat aquest comentari.
Zenutrio ha dit...

Tan sólo quería saludar:

Hola, Nemus. :)